27/4/16

Historias mínimas 33

Se apoyaba en el alféizar de la ventana, disimuladamente, sin abrirla, en una esquina, miraba la casa de enfrente, observaba a la chica que dormía la siesta, muy tranquila, con dos perros, antes embarazada y ahora con un bebé.

Le gustaba ver cómo reían y jugaban cuando se despertaban porque sabía que era la recta final de la jornada de trabajo.

Quería decir que eran cerca de las 6, la hora a la que él y el resto de obreros se iban de la obra.

Es lo que tiene no poner cortinas en casa, que los de la obra de enfrente viven contigo en tu habitación. 

¡Bucea entre las entradas!